Finalmente llegamos a una ciudad enorme de Brasil, Rio de Janeiro. Ya desde la salida del terminal del bus, sentimos la tensión que nos recorre el cuerpo. Para entrar en el hostal debemos cruzar por enmedio de un grupo de jovenes vagabundos que nos mira con su botella de cola pegada a la nariz...

De todos modos, en las zonas céntricas y turísticas hay bastante seguridad si uno es discreto. Los brasileros son muy paranoicos, pero son ellos los que viven la violencia a diario. Se pueden visitar las favelas, donde vive una tercera parte de la población, en 4x4 con cristales tintados y de alta seguridad. Viva el turismo !

El centro no tiene nada de especial, grandes edificios, teatros, grandes avenidas ... ah si tiene una catedral muy especial. Pegado al centro está el barrio bohemio y artístico : Lapa, con sus arcos, su bondle y la escalera de Selarón llena de colores.

Los hippies desertaron de las playas de Ipanema y Copacabana, hoy en día convertidas en hormigueros de turistas y de gente de la jet-set. Así, decidimos no ir a estas playas y visitar los dos miradores más importantes : el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor. En el primero subimos a pie, cruzando un bosque, increíble de ver tanta vegetación dentro de una ciudad !

Las nubes son grises pero no consiguen esconder la belleza de la costa.

Para subir al Cristo nos vemos obligados a tomar un transporte privado para poder visitar todos los miradores a fin de obtener una mejor vista entre las nubes que cubren el cerro. No logramos muy buenas fotos, pero si podemos escuchar los disparos provinentes de las favelas al lado !
En este punto de nuestro viaje, ya estamos un poco cansados de tanto viajar. Río era una etapa simbólica, pero no nos gusta el estilo turista con el piloto automático : sacar foto y irse! Tampoco somos com esas texanas que buscaban un karaoke de música country en Rio de Janeiro !!



















